Reaparezco para volver a las viejas costumbres, aunque no son viejas y cada día me “acostumbro” menos a escribir.
Mi obsesión por desconectar me esta llevando a perderme momentos y lugares en los que mi olfato creativo se pone alerta, aromas y espacios que pueden ser germen para expandirse delante de un teclado. Y aunque llevo papel y lápiz esta claro que la tecla es la única que me invita a escribir, pero la cabeza sigue en funcionamiento dándome motivos para poder explicar cosas que siento muy nuevas aunque mi edad ya empieza a dar muestras de tener difícil lo de sorprenderse.
Ya hable el año pasado de nuestro santuario vacacional, ese lugar que aunque no quieras acaba llamándote. El espíritu sin embargo es travieso por lo que busca nuevos horizontes o estímulos para esas sorpresas de las que se venden caras últimamente. Y aunque las comparaciones no tienen lugar, si que a veces momentos diferentes tienes iguales resultados.
Cabo de Gata me ha proporcionado unos buenos días de deshorarios y pereza con su atmosfera limpia, playas solitarias y aguas transparentes. Un pequeño vergel de sensaciones en medio de una de las zonas mas áridas que conozco, Almería y su entrada desde Murcia.
Cabo de Gata amplia el horizonte aunque su tamaño no sea muy grande, pero su pulmón sopla fuerte, y no me refiero al Levante. Nos hemos encontrado respeto por la tierra en la que cada uno realiza la vida a su manera, los que están y los que pasamos. También hemos encontrado algo de destrucción de la esencia, en Las Negras, de la que ya tuvimos noticias hace seis años cuando conocimos la zona. Aire de Andalucía, bañado con una libertad mas amplia de pensamiento que tal vez dan sus playas limpias de adornos modernos y en las que supongo bastantes tiras y aflojas por conservar lo poco autentico que tenemos, contra los intereses de sus pueblecitos tal vez legítimos pero que hacen peligrar esa armonía.
Mi tesoro de estos días han sido unas fotos robadas a una salida de sol. Un estallido de color natural en el mar, en las montañas, las casas y las pitas que me rodeaban. No soy ningún especialista, ni siquiera un aficionado aventajado con la cámara. Tan solo intento infructuosamente de quedarme con instantes emotivos y que con la memoria se Irán perdiendo. La ilusión es pensar que en la foto plasmas también el vello que reacciona antes espectáculos tan puros.
Vuelvo a la normalidad, espero que esta no me lleve de nuevo a olvidarme de este espacio que empecé con ilusión y que cada vez me cuesta más llenar.
Mi obsesión por desconectar me esta llevando a perderme momentos y lugares en los que mi olfato creativo se pone alerta, aromas y espacios que pueden ser germen para expandirse delante de un teclado. Y aunque llevo papel y lápiz esta claro que la tecla es la única que me invita a escribir, pero la cabeza sigue en funcionamiento dándome motivos para poder explicar cosas que siento muy nuevas aunque mi edad ya empieza a dar muestras de tener difícil lo de sorprenderse.
Ya hable el año pasado de nuestro santuario vacacional, ese lugar que aunque no quieras acaba llamándote. El espíritu sin embargo es travieso por lo que busca nuevos horizontes o estímulos para esas sorpresas de las que se venden caras últimamente. Y aunque las comparaciones no tienen lugar, si que a veces momentos diferentes tienes iguales resultados.
Cabo de Gata me ha proporcionado unos buenos días de deshorarios y pereza con su atmosfera limpia, playas solitarias y aguas transparentes. Un pequeño vergel de sensaciones en medio de una de las zonas mas áridas que conozco, Almería y su entrada desde Murcia.
Cabo de Gata amplia el horizonte aunque su tamaño no sea muy grande, pero su pulmón sopla fuerte, y no me refiero al Levante. Nos hemos encontrado respeto por la tierra en la que cada uno realiza la vida a su manera, los que están y los que pasamos. También hemos encontrado algo de destrucción de la esencia, en Las Negras, de la que ya tuvimos noticias hace seis años cuando conocimos la zona. Aire de Andalucía, bañado con una libertad mas amplia de pensamiento que tal vez dan sus playas limpias de adornos modernos y en las que supongo bastantes tiras y aflojas por conservar lo poco autentico que tenemos, contra los intereses de sus pueblecitos tal vez legítimos pero que hacen peligrar esa armonía.
Mi tesoro de estos días han sido unas fotos robadas a una salida de sol. Un estallido de color natural en el mar, en las montañas, las casas y las pitas que me rodeaban. No soy ningún especialista, ni siquiera un aficionado aventajado con la cámara. Tan solo intento infructuosamente de quedarme con instantes emotivos y que con la memoria se Irán perdiendo. La ilusión es pensar que en la foto plasmas también el vello que reacciona antes espectáculos tan puros.
Vuelvo a la normalidad, espero que esta no me lleve de nuevo a olvidarme de este espacio que empecé con ilusión y que cada vez me cuesta más llenar.

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