
Una de las maneras mas directas de demostrar a una persona nuestra estima por ella es en el saludo, un simple acto de cortesía que bien utilizado da idea de lo importante que puede ser el encuentro que sigue para nosotros.
He estado educado en la cultura del beso familiar, desde pequeño en casa nos besamos por cualquier motivo que signifique encuentro o despedida; el despertar, el ir a dormir, salir de casa, entrar. Como suele pasar la cantidad no da la calidad aunque tanto besuqueo sí que te entrena para los momentos en los que un beso o un abrazo debe trasmitir más de lo que a simple vista parece.
Me gusta besar, pero reivindico los besos húmedos, aquellos que se dan con los labios nunca el mejilla con mejilla sin sustancia. Con la edad he intentado dosificar aquella herencia que me han traspasado de besar a todas horas sin caer en el sentido del beso. Ahora mi beso suele ser cargado de sustancia, de calor, de amistad o de amor.
A los amigos, aunque la mayoría de los hombres no nos besamos pero tenemos contacto con un apretón de manos o también abrazos, intento transmitir la alegría de verlos… suelo a veces mantener el contacto varios segundos más que el simple apretón, una manera de pasar “calor” por la efusión del momento. Un abrazo sincero, sin palmadas por Dios, es más un traspaso de palpitaciones que no un intento de rodear el perímetro del abrazado.
Y el beso, esos labios contra las mejillas dulcemente perfumadas de las mujeres, un instante en el que circulan tus mejores sentimientos hacia esa amiga intensa, a la que mas que sobarle la mejilla te gustaría acariciarle los labios para poder transmitir todo el respeto y cariño que sientes por ella.
Por desgracia tan solo en determinados ambientes el beso labio con labio se da sin pudor, entre hombres y mujeres, compañeros de trabajo, una de las formas mas bonitas y sensuales de hacer ver a tu compañía que esos momentos que han de venir juntos prometen intensas sensaciones.
He estado educado en la cultura del beso familiar, desde pequeño en casa nos besamos por cualquier motivo que signifique encuentro o despedida; el despertar, el ir a dormir, salir de casa, entrar. Como suele pasar la cantidad no da la calidad aunque tanto besuqueo sí que te entrena para los momentos en los que un beso o un abrazo debe trasmitir más de lo que a simple vista parece.
Me gusta besar, pero reivindico los besos húmedos, aquellos que se dan con los labios nunca el mejilla con mejilla sin sustancia. Con la edad he intentado dosificar aquella herencia que me han traspasado de besar a todas horas sin caer en el sentido del beso. Ahora mi beso suele ser cargado de sustancia, de calor, de amistad o de amor.
A los amigos, aunque la mayoría de los hombres no nos besamos pero tenemos contacto con un apretón de manos o también abrazos, intento transmitir la alegría de verlos… suelo a veces mantener el contacto varios segundos más que el simple apretón, una manera de pasar “calor” por la efusión del momento. Un abrazo sincero, sin palmadas por Dios, es más un traspaso de palpitaciones que no un intento de rodear el perímetro del abrazado.
Y el beso, esos labios contra las mejillas dulcemente perfumadas de las mujeres, un instante en el que circulan tus mejores sentimientos hacia esa amiga intensa, a la que mas que sobarle la mejilla te gustaría acariciarle los labios para poder transmitir todo el respeto y cariño que sientes por ella.
Por desgracia tan solo en determinados ambientes el beso labio con labio se da sin pudor, entre hombres y mujeres, compañeros de trabajo, una de las formas mas bonitas y sensuales de hacer ver a tu compañía que esos momentos que han de venir juntos prometen intensas sensaciones.










