Como muchos dias al bajar al anden del metro de camino para el despacho, me encuentro con Joaquín. Nos conocemos desde hace tiempo, más bien diría yo que él me conoce bien, yo no paso de adivinar sus inquietudes. No me saluda, ni tan solo me mira a la cara, pero nada mas encontrármelo empieza a volar mi mente, a sentir mi corazón, a encogerse mi estomago a veces. Durante el silencio de los túneles que atravesamos, me va diciendo cosas al oído… me explica su vida, a veces me explica la mía, incluso hay momentos en los que no se si sus historias han sido alguna vez mías.
Sus palabras llegan y buscan dentro de mi, siempre encuentran algo: alegría, dolor, a veces llanto, pero nunca se van de vació. Su prosa tiene la virtud de poder cambiar el semblante de mi cara, a veces enciende mis ojos y a también enciende mi corazón, me lo arruga como si fuera papel para después cariñosamente lo vuelve a extender y lo plancha suavemente para deslizar sus palabras mas curativas.
Sus amigos, son como mi familia. Los conozco uno a uno aunque nunca les vea las caras. Me los imagino jugando como yo cuando era niño, en los mismos barrios donde Joaquín creció y lleno su maleta de llantos, de olor a tabaco, sabor a cocido de la mama, de impotencia aunque también de “colegas” de futbolín, una vida dura pero no por eso infeliz, difícil pero llena de sentimientos encontrados. Sus cantos al amor imposible, a la rutina bendita de cada día o sus mujeres anónimas, consiguen que cuando miro a la cara a mis amigos toda su sabiduría venga a mi cabeza y anhelo poder decirles muchas de las cosas bonitas que él canta.
Hoy, como muchos días, al llegar al trabajo me despido de él, Joaquín..hasta luego ¡¡, gracias por tus momentos, “…hasta las suelas de mis zapatos te echan de menos”

Sus palabras llegan y buscan dentro de mi, siempre encuentran algo: alegría, dolor, a veces llanto, pero nunca se van de vació. Su prosa tiene la virtud de poder cambiar el semblante de mi cara, a veces enciende mis ojos y a también enciende mi corazón, me lo arruga como si fuera papel para después cariñosamente lo vuelve a extender y lo plancha suavemente para deslizar sus palabras mas curativas.
Sus amigos, son como mi familia. Los conozco uno a uno aunque nunca les vea las caras. Me los imagino jugando como yo cuando era niño, en los mismos barrios donde Joaquín creció y lleno su maleta de llantos, de olor a tabaco, sabor a cocido de la mama, de impotencia aunque también de “colegas” de futbolín, una vida dura pero no por eso infeliz, difícil pero llena de sentimientos encontrados. Sus cantos al amor imposible, a la rutina bendita de cada día o sus mujeres anónimas, consiguen que cuando miro a la cara a mis amigos toda su sabiduría venga a mi cabeza y anhelo poder decirles muchas de las cosas bonitas que él canta.
Hoy, como muchos días, al llegar al trabajo me despido de él, Joaquín..hasta luego ¡¡, gracias por tus momentos, “…hasta las suelas de mis zapatos te echan de menos”

GRACIAS SABINA.
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